El descuento de un activo ocupado se ve el día de la compra.
El coste de esa ocupación se paga después, mes a mes, y casi nunca está en la hoja de cálculo con la que se decidió entrar.
No todas las ocupaciones son la misma operación
En la documentación del fondo suele aparecer una sola palabra: ocupado. Debajo de esa palabra caben situaciones que no tienen nada que ver entre sí.
El deudor sigue viviendo allí. Es el escenario más frecuente en un NPL. La vivienda es su domicilio y el procedimiento que te permite disponer del activo va unido al procedimiento judicial que ya está en marcha.
Hay un contrato de arrendamiento firmado. Aquí no hay un problema que resolver, hay un contrato que respetar. Cambia quién cobra la renta y cambia desde cuándo puedes disponer del inmueble, pero el punto de partida es un derecho de un tercero, no una irregularidad.
Hay alguien dentro sin título alguno. Es el escenario que más titulares genera y el que más varía según el caso concreto, el juzgado y el historial del inmueble.
Cada uno de los tres tiene una vía distinta, un plazo distinto y un coste distinto. Tratarlos como la misma casilla en una tabla comparativa es la forma más rápida de equivocarse en el precio.
El plazo es el precio
Lo que encarece un activo ocupado no es el trámite. Es el tiempo que pasa entre que pagas y que puedes hacer algo con lo que has pagado.
Durante ese tiempo sigues pagando cosas que no dejan de correr: comunidad, IBI, suministros mínimos, seguros, y el coste de tener tu capital inmovilizado en un activo que todavía no produce nada. Si la operación llevaba financiación detrás, súmale los intereses de esos meses.
Ninguna de esas partidas aparece en el precio que negociaste con el fondo. Todas aparecen en tu resultado.
Cómo poner número a algo que no tiene fecha
No se puede saber el día exacto en que un activo queda libre. Sí se puede trabajar con rangos, y eso ya es suficiente para decidir.
Calcula lo que te cuesta un mes de espera: gastos corrientes del inmueble más el coste de tu capital inmovilizado. Ese número es tu coste mensual de espera.
Después estima el plazo en tres escenarios, con la ayuda de quien conozca el procedimiento concreto: uno bueno, uno razonable y uno malo. Multiplica cada escenario por tu coste mensual y añade el coste estimado de la gestión jurídica y de la puesta a punto del inmueble cuando por fin esté libre.
Si el descuento que te ofrecen no cubre el escenario malo, no estás comprando barato. Estás apostando a que te toque el escenario bueno.
La pregunta que hay que hacer antes de ofertar
No es “¿está ocupado?”. Es “¿bajo qué título está dentro quien está dentro, y en qué punto está el procedimiento?”.
La primera pregunta se responde con un sí o un no y no sirve para calcular nada. La segunda se responde con documentación verificable, y de ella sale el rango de plazos con el que puedes construir una oferta.
Si nadie te puede contestar la segunda con papeles, la respuesta es que el activo no está medido. Y un activo sin medir no se compra con descuento: se compra a ciegas.
Dónde encaja esto de verdad
Un activo ocupado puede ser una buena operación. Lo es cuando el descuento está calculado contra el plazo real y no contra la sensación de que “está muy por debajo de mercado”.
La mayoría de los inversores que se queman con un activo ocupado no se equivocaron al comprar ocupado. Se equivocaron al comprarlo como si estuviera vacío.