La lógica parece obvia: empiezo alto, así tengo margen para negociar.

En la práctica hace justo lo contrario.

Lo que genera un precio inflado

Un piso sobrevalorado no genera más ofertas altas. Genera silencio. Los compradores que sí pueden pagar ese precio miran otras opciones mejor ajustadas al mercado. Los que se interesan por tu zona y tu tipo de vivienda pasan de largo porque el precio no encaja con lo que ven en las demás alternativas disponibles.

El tiempo en mercado se convierte en el problema

Las semanas pasan. El anuncio empieza a acumular tiempo publicado, y ese dato es visible para cualquier comprador que consulta el histórico del portal.

Un piso que lleva meses sin venderse deja de leerse como “vale mucho” y empieza a leerse como “algo no cuadra”. Nadie asume automáticamente que el vendedor solo pidió un precio ambicioso. La lectura por defecto es que hay un problema oculto.

Ahí es cuando llegan las ofertas bajas

No porque el piso valga menos, sino porque el tiempo en mercado se ha convertido en la munición del comprador para negociar a la baja con más fuerza de la que tendría si el precio hubiera sido correcto desde el primer día.

El vendedor termina cerrando por debajo de lo que habría conseguido empezando en el precio correcto, después de meses de desgaste que además tienen coste: gastos de comunidad, hipoteca si aún la tiene, y la energía de gestionar visitas que nunca cuajan.

La conclusión

El precio de salida correcto no es el más alto que se te ocurre. Es el que genera interés real en las primeras dos semanas, que es cuando de verdad tienes el mercado a tu favor.