Un comprador ofrece el precio pedido el primer día. Otro ofrece un poco menos, pero con la hipoteca ya preaprobada y el dinero de la entrada ya disponible.
La reacción automática es aceptar al primero. Es un error que se paga caro seis semanas después.
El precio no dice nada sobre si la operación llega a firma
El precio de la oferta no dice nada sobre la probabilidad de que la operación llegue a firma. Un comprador con financiación sin cerrar puede caerse en cualquier momento del proceso: tasación baja, banco que deniega, cambio de circunstancias personales.
Cuando eso pasa, no solo pierdes esa oferta. Pierdes las semanas que estuviste fuera de mercado mientras esa operación avanzaba, y vuelves a salir a vender con el sello de “llevaba tiempo con una oferta que se cayó”, que los compradores nuevos leen como señal de alarma antes de hacer su propia oferta.
La pregunta que hay que hacer antes de aceptar
Lo que hay que preguntar antes de aceptar cualquier oferta no es solo cuánto ofrece. Es con qué certeza puede cerrar.
Eso significa preguntar por la preaprobación de la hipoteca, no solo por la intención de pedirla. Significa preguntar de dónde sale la entrada, no asumir que está disponible. Significa entender si hay una venta previa que depende de la tuya para poder financiar la operación.
La conclusión
Un precio algo más bajo con financiación resuelta vale más que un precio más alto con financiación en el aire.
El precio más alto sobre el papel no es la mejor oferta si nunca llega a convertirse en una firma real.